Los Tártaros de Crimea, per Soledad Bengoechea i Ricard Desola

Monument en record a la deportació dels Tàrtars de Crimea a l'any 1944, a Sudak
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Soledad Bengoechea, historiadora y Ricard Desola, filósofo

Coincidiendo con la crisis acaecida en Ucrania en el año 2014, en los últimos meses Crimea ha experimentado un cambio importante: de ser territorio ucraniano ha pasado a pertenecer a Rusia. El evento ha ocupado la atención de los medios de comunicación y de la ciudadanía. Una parte de este interés lo han despertado los tártaros que habitan esta península que limita al sur con el mar Negro.

Los tártaros de Crimea son una etnia de habla turquesa (tártaro de Crimea) y de religión musulmana sunnita; eran unos 269.000 según el último censo soviético de 1989, primero en el que aparecían separados del resto de tártaros, pero según otras fuentes sobrepasan los 500.000. El nombre proviene de los mongoles TA-Ta, que en el siglo V habitaron el noroeste del Gobi.

El Kanato de Crimea fue el Estado de los tártaros de Crimea desde 1441. En  1475, la península fue invadida por los turcos, que, con la ayuda de los príncipes tártaros -que luego fueron llamados “tártaros crimeanos”-, controlaban parte de la zona. Turcos y tártaros retuvieron su posesión hasta 1777, época en que desaparecieron los últimos gotnios o godos de Crimea. Como resultado de la victoria rusa sobre los turcos ese año, Crimea entró a formar parte de ese  Imperio  en el año  1783.

La península fue el escenario  de la conocida como Guerra de Crimea, un conflicto bélico desarrollado entre el Imperio Ruso del Zar Nicolás I y una alianza entre Francia, Gran Bretaña, el Imperio Otomano y el reino de Piamonte-Cerdeña. La contienda tuvo lugar entre octubre de 1853 y marzo de 1856, con la consecución de la Paz de París (el 30 de marzo de 1856).

Después de la Revolución rusa de 1917, en la región habitada por los tártaros de Crimea se formó la República Popular de Crimea y más tarde la efímera República Soviética Socialista de Táurida. En la Segunda Guerra Mundial, unos 20.000 tártaros colaboraron con el ejército nazi (mientras otros muchos miles luchaban en las filas del ejército soviético). Stalin acusó a todo el pueblo tártaro de “colaboracionismo” y en mayo de 1944 ordenó su deportación a las estepas de Uzbekistán y a Siberia. Muchos murieron de enfermedades y malnutrición. A este período se lo conoce como Sürgün (“exilio” en tártaro de Crimea y turco). Stalin también abolió oficialmente a los tártaros crimeanos como  nación. En 1947 ya no había tártaros en Crimea. Stalin inició un proceso enviando colonos rusos que repoblaron la península hasta convertirse en el primer grupo étnico y cultural. Aún ahora, los activistas de Crimea reclaman el reconocimiento del Sürgün como genocidio

El 1954 Crimea entró a formar parte de la soberanía ucraniana cuando Nikita Krusxev (o Khrusxov) decidió que la península pasase a formar parte de la República Socialista Soviética de Ucrania como regalo de aniversario de los 300 años de la paz de Pereiaslav. De hecho, y, en cierta manera, ello  supuso la unión de Rusia y Ucrania.

Para garantizar la gobernabilidad de Crimea se encontró una fórmula acordada por Kíev y Moscú, consistente en una autonomía administrativa por parte de Ucrania a la península, al tiempo que la propia Ucrania permanecía gravitando alrededor de Rusia, respondiendo a los intereses de Moscú y de las zonas de mayorías étnicas y lingüísticas rusas.

En años más recientes

Desde finales de la década de 1980, tártaros supervivientes y descendientes de las deportaciones de los años cuarenta, en total unos 250.000, regresaron a su patria original, Crimea. Los ucranianos favorecieron el regreso de la minoría tártara como una forma de lograr un equilibrio, debido a la supremacía de la población rusa.

Tras su llegada, causaron tensiones persistentes con los rusos de la península sobre derechos territoriales. También, la carencia de viviendas adecuadas para los repatriados y la denegación de la ciudadanía ucraniana fueron los problemas a los que tuvieron que enfrentarse a su vuelta.

Sin embargo, aquí se observan algunos matices. Muchos expertos se inclinan a considerar a la comunidad tártara de Crimea como una suerte de monolito y casi como una fuerza política verticalmente integrada. Pero no lo es. Es cierto que la organización más poderosa de la Crimea tártara es el Mejlis (el Congreso del Pueblo Tártaro). Aún así, no todos los tártaros de Crimea lo consideran el único exponente de sus intereses nacionales. En la década de 1990, Yuri Osmanov trató de crear una alternativa. A diferencia de sus oponentes, abogaba por un amplio desarrollo de las relaciones con Rusia.

De acuerdo con el censo de 2001, los tártaros representaban el 12 % de la población total de Crimea. Existe una gran diáspora de estos tártaros en Turquía, Rumanía, Bulgaria, Europa Occidental, y pequeñas comunidades de los mismos en  Finlandia, Lituania, Bilelorrusia y Polonia.

En la península de Crimea, además de emitir por radio y tener prensa propia en tártaro crimeano, a partir de 2006 comenzaron las primeras transmisiones de televisión en esa lengua.

La incorporación de Crimen a Rusia

En noviembre del 2013, en Ucrania comenzaron a producirse una serie de protestas ciudadanas. El detonante oficial fue el descontento ante la negativa de las autoridades a la firma de un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea (UE). En la última semana de febrero, los choques en la plaza de la Independencia dejaron 82 muertos. El presidente del gobierno Yanukovich fue destituido y se nombró un gobierno de transición.

En ese contexto, el 16 de marzo del año siguiente, Crimea votó en un referéndum mayoritariamente a favor de independizarse de Ucrania y unirse a Rusia. Mientras el gobierno de Moscú avanzó en la integración de la península a su territorio, la comunidad internacional condenó duramente la decisión e impulsó una serie de medidas contra Rusia. En esa votación, los dirigentes tártaros llamaron al boicot.

Pero las encuestas del sondeo celebrado en Crimea mostraron un claro apoyo a la unión con Rusia. Por lo tanto, Crimea pidió de manera formal su incorporación a Rusia. Entre los tártaros hubo división. Como decíamos no representaban un bloque monolítico y algunos sectores acudieron a votar. En opinión del politólogo Alexéi Makarkin, “los tártaros de Crimea se han convertido en un problema importante para Rusia. Se trata de la única parte significativa de población de la península que, en general, reaccionó negativamente a su adhesión a Rusia”, al tiempo que los activistas tártaro-crimeos se resistieron a la confrontación frontal con Moscú.

El temor de una parte de ese pueblo era que el ingreso a Rusia repitiera en Crimea lo que ocurrió en los años 90 en Bosnia cuando los musulmanes fueron víctimas de limpieza étnica, por lo que llegaron a pedir a la ONU que enviara cascos azules a la zona. Además, temían que las nuevas autoridades ordenasen la expropiación de las tierras que los tártaros se apropiaron ilegalmente a su regreso de la deportación estalinista para construir viviendas, negocios y otros establecimientos.

Así, los tártaros de Crimea, que se consideraban un pueblo diferente a los tártaros que vivían en la república rusa de Tatarstán, rechazaron todas las opciones que les dieron las autoridades de Crimea. El Gobierno les había ofrecido hasta un 20% de los cargos de responsabilidad en la república, la oficialidad de la lengua tártara y mayor financiación de programas culturales y educativos.

La Asamblea Popular de la minoría tártara aprobó una resolución sobre “la realización del derecho a la autodeterminación del pueblo tártaro en su territorio histórico, Crimea”. En el documento, se anunciaba “el comienzo del proceso político y legal para la creación de una autonomía nacional y territorial”.

El Kurultái, nombre de la asamblea tártara, también se dirigió a la ONU, el Consejo de Europa, la Unión Europea, la Organización sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y la Organización de Cooperación Islámica para que apoyasen la aspiración del pueblo tártaro de Crimea a la autodeterminación.

Pero el presidente Putin firmó la anexión por parte de la Federación Rusa de Crimea y declaró que el hecho de que Crimea “es parte fundamental de Rusia es indiscutible”.

Mientras, el  presidente ucraniano ordenó el repliegue de todas sus tropas de Crimea. Además se dictó el regreso del rublo como moneda oficial a esta península anexionada por Rusia.

En abril, Putin decretó la rehabilitación de los tártaros de que fueron deportados por Stalin “He firmado un decreto para la rehabilitación de los tártaros de Crimea (…) que sufrieron durante las represiones estalinistas”, anunció. Además, destacó la importancia de legalizar las tierras donde vivían  muchos tártaros, acusados por la mayoría rusa de Crimea de apropiarse de esos terrenos sin autorización a su regreso a la península tras la caída de la URSS.

Pero el Kremlin continuó vigilando a los tártaros. En condiciones restringidas por las autoridades rusas, vigilados por la policía y con helicópteros volando sobre sus cabezas, el 17 de mayo del 2014 conmemoraron el 70 aniversario de la deportación de su comunidad a Asia Central y Siberia. Y descartaron que Moscú permitiera que celebrasen su propio referéndum de autodeterminación para crear una autonomía en el seno de Ucrania.

En la actualidad

Luego de la anexión, el más alto cuerpo ejecutivo del pueblo tártaro en Crimea fue clausurado y todo su equipamiento y dinero confiscado. A sus líderes, Mustafa Abduldzhemil Dzhemilev y Refat Chubarov, se les prohibió ingresar al territorio por espacio de cinco años.

Un informe de la ONU habla acerca del miedo a las persecuciones religiosas de aquellos que fueran practicantes musulmanes.

En un documento firmado el 18 de marzo de 2015, Amnistía Internacional señala “que las autoridades de facto en Crimea no han investigado una sucesión de actos de secuestro y tortura de opositores y han recurrido a una campaña incesante de intimidación para acallar la disidencia”;

El informe pone de relieve que las autoridades de facto de Crimea están llevando a cabo un verdadero catálogo de abusos contra los derechos humanos de medios de comunicación afines al gobierno ucraniano, organizaciones de activistas, la comunidad tártara de Crimea y personas que critican al régimen. “Desde que Rusia se anexionó Crimea, las autoridades de facto están aplicando gran diversidad de tácticas de matonismo para reprimir la disidencia; ante la profusión de secuestros perpetrados entre marzo y septiembre, muchos críticos destacados han abandonado la región. Los que se han quedado sufren múltiples formas de hostigamiento por parte de las autoridades, decididas a silenciar a sus opositores”, ha afirmado John Dalhuisen, director del Programa de Amnistía Internacional para Europa y Asia Central.

El 23 de febrero pasado, el presidente de Ucrania, Petró Poroshenko, prometió el retorno de la península de Crimea: “El Estado ucraniano restablecerá el control sobre el territorio provisionalmente ocupado. Pero no voy a decir hoy que esto ocurrirá fácil y rápidamente”, dijo Poroshenko, según informa la Presidencia ucraniana en su página web. Pero no parece que sus deseos puedan cumplirse tan fácilmente. De todas formas, y como se ha señalado con anterioridad, tampoco parece que la situación de los tártaros de Crimen cuando la península pertenecía a Ucrania fuera mucho más halagüeña de la que disfrutan ahora, como generalmente ha sucedido a lo largo de la historia con estas minorías étnicas y religiosas.

En el futuro ¿Peligro de terrorismo?

Algunas publicaciones apuntan ahora que el terrorismo del Cáucaso podría extenderse a Crimea. Para empezar, es un elemento recurrente en la prensa promaidán en Ucrania el temor a “los chechenos”. Respecto a Crimea, cabe pensar que si los yihadistas rusos viesen la posibilidad de actuar en la zona, lo harían. Es lo que hacen en lugares como el Daguestán, por ejemplo. Pero nada indica que los tártaros de Crimea estén interesados en ello. Aunque se ha hablado  mucho de que se oponían totalmente a que Crimea pasase de nuevo a la Federación Rusa, los datos de participación, por inflados que estuviesen, parecen indicar que una parte significativa de esta comunidad participó en las votaciones. Claro que entonces no se conocía aún la represión que iba a padecer una parte del pueblo tártaro. No obstante, a menos de que las cosas empeorasen mucho, no parece el terreno más propicio para el desarrollo de una guerrilla islámica. Después de todo, en la misma Rusia hay una amplia comunidad tártara, tienen su propia República, Tatarstan, y no parece que les vayan tan mal las cosas. Claro que en Tatarstán tienen petróleo y en Crimen parece que no. Pero todo indica que, de momento, a Kazan no ha llegado el terrorismo islamista.

Agradecemos a Carlos Valmaseda su generosidad al habernos aportado datos para la elaboración de este trabajo.

Per citar l’article: Bengoechea, S., i Desola, R. (2015). Los Tártaros de Crimea, 2(1).Recuperat (data de visualització), a http://wpu.ir/tpvmq

9 Comments on Los Tártaros de Crimea, per Soledad Bengoechea i Ricard Desola

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