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Madame Le Pen "Je suis le voix du peuple", per Soledad Bengoechea




Soledad Bengoechea, historiadora


“La elección presidencial es el encuentro entre un hombre y el pueblo”, afirmó el general Charles de Gaulle, impulsor y arquitecto del edificio institucional vigente hoy en Francia, la V República. El pasado 23 de abril se celebró la primera vuelta de una de estas elecciones. Un segundo interrogante se abre ante el 7 de mayo. A pesar de inflamar a su público con frases incendiarias en el primer sondeo: "Está en juego la supervivencia de Francia", y  reanudar sus salmos: “Vosotros sois el sistema, nosotros, el pueblo”, Marine Le Pen, candidata de la rosa azul del Frente Nacional (FN), no consiguió alzar su partido al primer puesto: quedó segundo con un millón de votos menos que En Marcha!, el partido de Emmanuel Macron, un Bonaparte ilustrado de tan solo 39 años de edad. Macron obtuvo su Licenciatura de Filosofía con una tesis sobre Hegel titulada: "El Interés General. Lectura y principio de la Filosofía del Derecho de Hegel", dirigida por el filósofo marxista Etienne Balibar. Pero él es más conocido por su título de economista y ser ex banquero. Políticamente tiene experiencia, fue ministro de economía en el gabinete de Hollande. Actualmente aspira a ocupar el centro político francés que antes representaba François Bayrou, pero cuenta con el apoyo decidido de la mayoría de los oligarcas propietarios de grandes medios. Como antes hizo Donald Trump con Hillary Clinton, Marine Le Pen presenta a su rival Macron como un hombre que no conoce a su pueblo; aún más, como un hombre al que su pueblo no quiere.


La derrota del FN significó una importante decepción para su electorado. Aunque para movilizar a favor de Macron los medios de comunicación dominantes agitan el espectro de una posible victoria del FN en la segunda vuelta, es muy improbable el riesgo de que Marine Le Pen consiga el triunfo en un país donde un 80% de los electores no votaron por ella. No tanto por méritos propios (tan sólo obtuvo el 21,53% de los sufragios), sino porque las otras fuerzas políticas, no así de momento La “Francia Insumisa” de Mélenchon (que sí votó en el año 2002 a Chirac para frenar a Jean-Marie Le Pen), hacen frente común y llaman a votar contra Le Pen, cuya estrategia para llegar al Elíseo pasa por convertir la segunda vuelta electoral en una pugna entre perdedores y vencedores de la mundialización, en la que su adversario sería el representante de la oligarquía. Ignacio Ramonet escribe en Le Monde Diplomatique que “Su probable derrota  (una más…) la hará entrar sin duda en una crisis existencial”.


Quién es Marine Le Pen?


Marion Anne Perrine Le Pen (5 de agosto de 1968, Neuilly-sur-Seine), popularmente conocida como Marine Le Pen, es la menor de las tres hijas de Jean-Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional (FN) en 1972, y de su esposa Pierrette Lalanne. Alumna del colegio Florent Schmitt de Saint-Cloud, estudió posteriormente en la universidad de la Sorbona, Universidad Panthéon-Assas, licenciándose en derecho. Durante los años de universidad, se introdujo en el Círculo Nacional de Estudiantes de París (CNEP), un movimiento estudiantil cercano al FN, donde por un tiempo fue presidenta de honor.


Su vida sentimental está también ligada a su partido. Madre de tres hijos, se casó con Frank Chauffroy, un director de empresa que había trabajado para el FN, más adelante lo hizo con Éric Lorio, antiguo secretario nacional del FN, del cual está divorciada actualmente. Su pareja hoy en día es Louis Aliot, vicepresidente del FN y secretario general del partido de 2005 a 2010.


Una sobrina de Marine, Marion Maréchal-Le Pen, es la cara visible del FN en el sur de Francia. Diferentes testimonios de la oposición sostienen que si ostentara el cargo de su tía sería “más radical” que ella.


El 16 de enero de 2011, tras una votación entre los militantes de su partido con un apoyo del 67,5 %, Marine fue elegida presidenta del FN, derrotando a Bruno Gollnisch, y tomando así el relevo a su padre, Jean-Marie.


Marine Le Pen, que llevaba en el partido de su padre desde que cumplió 18 años, en 1986, consiguió pues en 2011 la presidencia del FN. Y su primera medida fue continuar con la labor que  ejercía desde hacía años: eliminar esa imagen de caricatura fascista que impregnaba sus filas y que su padre había cultivado durante décadas. Más delgada, mejor vestida y de voz más suave, desarrolló una especie de carisma que le permitió atraer a una variedad más amplia de partidarios, desde jóvenes desempleados hasta la clase media desencantada, desde policías que se cuidaban de controlar a las segundas o terceras generaciones de inmigrantes que querían cerrar las puertas de Francia a los extranjeros. Al tiempo, expulsó a militantes que coqueteaban con el nazismo y fue adaptando el discurso para presentar el FN como un partido nacional y patriótico, contrario a la libertad de fronteras dentro de la Unión Europea (UE), a la inmigración y a la propia UE.


El proceso de “de-demonización” del FN exigía que Marine Le Pen dejara de lado no sólo la retórica putrefacta dejada por su padre, sino también a su padre. En el verano de 2015, expulsó a Jean–Marie del partido. El anciano la demandó en la corte, sólo para rendirse unos meses más tarde.


En las elecciones presidenciales del año 2002, Jean-Marie Le Pen pasó la primera vuelta, pero no llegó a la presidencia. Pero las municipales y europeas del 2014 supusieron un gran triunfo para Marine Le Pen, con su renovado discurso patriota, racista y xenófobo. Con aires guerreros que la llevarían al triunfo declamaba: "Vivimos el final de un mundo y el nacimiento de otro". Mientras fuera de los recintos donde se celebraban los congresos un fuerte dispositivo policial vigilaba, dentro, el personal se calentaba a base de proclamas incendiarias contra el islam, la inmigración i los izquierdistas. I la líder avanzaba su gratitud a los franceses porqué las encuestas pronosticaban que había dicho “¡basta!” a los políticos tradicionales. "Es el momento de liberar al pueblo francés. Es una oportunidad histórica", clamaba con su estilo épico.


Ocurre algo extraordinario en los mítines: nada más ver a Marine el público entra en éxtasis. Y cuando ella exclama: "Yo soy la candidata del pueblo. Lanzo un llamamiento a todos los patriotas vengan de donde vengan", una orgía de dialéctica eurófoba, nacionalista y con chispazos xenófobos está siempre a punto de dar comienzo. Marine Le Pen es capaz de dirigir sus mensajes mucho más allá de su círculo tradicional de votantes. Sus propuestas son radicales. "En Francia no daría un trabajo a un español si lo puede cubrir un francés", afirma. Con esta frase intenta atraerse a los franceses amenazados por la inmigración. I promete un referéndum para la salida de la UE, que califica de "fracaso", si Francia no recupera su soberanía nacional. Pero lo hace en nombre del expresidente conservador, el general Charles de Gaulle (1959-69), y reivindicando para sí los principios de la derecha clásica. Marine Le Pen es astuta: mezcla en un cóctel potente los temas tradicionales de la extrema derecha (nacionalismo y xenofobia) con otros que apelan a un electorado más amplio, como la preservación del Estado del Bienestar, la seguridad y las libertades públicas. Con un discurso económico muy cercano a la izquierda, ha conseguido conectar con esa mayoría de votantes que se le escapaba al Frente en sus tiempos radicales.


Se calcula que ha votado a Le Pen en la primera vuelta de las elecciones presidenciales alrededor de un 37% de trabajadores, un 30% de aquellos que ejercen una profesión en declive. El 43% de los franceses que aseguran que tienen problemas para llegar a fin de mes la votan en un 43% de los casos, el 32% de los trabajadores que ganan menos de 1.250 euros y el 29% entre los asalariados con 1.250-2.000 euros, también votan a Le Pen. Sigue arrasando entre los franceses sin título  universitario (30%) y solo consigue la confianza de un 14% de altos directivos y jubilados. Y por zonas, la candidata de extrema derecha ha tenido mejores resultados en el norte, este y en la costa mediterránea del país.


Como explica René Monzat, periodista y experto en la extrema derecha francesa, la islamofobia cumple un papel fundamental en la construcción política de Marine Le Pen, por dos razones. Primero, borra las grandes diferencias étnicas y culturales que existen dentro de los musulmanes franceses y emigrantes, considerándolos a todos solo como musulmanes: “La islamofobia se convierte en un factor unificador del racismo y la xenofobia”. Además, según Monzat, “la islamofobia permite ampliar la base social del apoyo a las discriminaciones o al apartheid: se extiende a sectores que no se sienten racistas y creen mostrar su feminismo y espíritu cívico al apoyar las discriminaciones este es un aspecto particularmente marcado en Francia”.


Mientras tanto: hacia el 7 de mayo


Con el fin de atrapar votos de sus contrincantes políticos, en los siete días que han pasado desde la primera vuelta, Marine Le Pen ha ido introduciendo cambios en su estrategia política y en su propio discuso. Ha renunciado temporalmente a la presidencia del partido para vestirse el manto de candidata de todos los franceses. "Esta noche ya no soy la presidenta del partido Frente Nacional, soy la candidata a la presidencia de Francia", anunció un día después de celebrarse la primera vuelta. “Se aproxima el momento decisivo” señaló, "siempre he pensado que el presidente de la república tiene que ser un presidente de todos los franceses, y bajo este título, debe unir a todo el pueblo francés", dijo al hacer el anuncio. Unos días después, apartó de la escena al flamante nuevo presidente por unas polémicas viejas declaraciones que realizó sobre el Holocausto judío. Luego de esta dimisión, el vicepresidente del FN, Steeve Briois, se hará cargo de la presidencia del partido, al tiempo que la campaña ultra cobra fuerza entre guiños a la izquierda, tratando de atraerse a los siete millones de votos que logró Mélenchon.


Moviendo otra pieza del ajedrez, en una jugada de gran calado que pilló desprevenido a casi todo el mundo, Marine Le Pen selló un acuerdo electoral con el líder y fundador del partido conservador “Francia en Pie”, Nicolas Dupont-Aignan, alto funcionario de 56 años de edad, a quien “promete nombrar primer ministro en caso de vencer en los comicios presidenciales”. “No vamos a permitir por cobardía dejar que elijan a Macron, que continuará multiplicada por diez la catastrófica política de Hollande”, dijo. “Franceses, despertad, ¿creéis que como gaullista tomaría la decisión de esta alianza si la situación del país no fuera gravísima?”. Más tarde, en una declaración conjunta ante la prensa, ambos políticos ratificaron el pacto. “Francia en Pie” es una escisión del partido más importante de la derecha francesa. Autodefiniéndose como gaullista, en 2013 incluso se había jactado de que "somos gaullistas y no podemos alinearnos con la extrema derecha". Según el corresponsal de La Vanguardia en París, Poch de Feliu, Dupont Aignan no es un eurófobo ni un extremista de derechas, que si bien opina que “la actual  Europa desigual  ha roto la reconciliación con Alemania”, no quiere abandonar la UE, sino reconquistarla, lo que coincide con el programa que, cada vez con mayor claridad, propone la extrema derecha  europea.


En términos electorales, el peso de Nicolas Dupont-Aignan es relativamente limitado, porque logró menos de un 5% del apoyo en la primera vuelta, lo que equivale a 1,7 millones de votos. No obstante, numerosos políticos y analistas coinciden en el valor simbólico de ese trato, pues por primera vez en su historia el FN logra el apoyo de un partido republicano, y muestra así la capacidad de Le Pen de dialogar y conseguir respaldos más allá de sus votantes asiduos. Pero parece que su única opción de ganar es “convencer a los franceses de que la segunda vuelta no es un voto por o contra el Frente Nacional, sino un referéndum a favor o en contra de la globalización”, según resume en un artículo de su blog Alain de Benoîst, uno de los intelectuales más influyentes de la extrema derecha.


La alianza con este político profundiza la reivindicación de Le Pen sobre su propia respetabilidad. En su último mitin celebrado en París, Dupont-Aignan criticó la xenofobia del FN. Además, gracias a este acuerdo, la flamante candidata ha podido justificar su marcha atrás en materia de salida del euro, una complicada promesa de su programa que le debilita y que ya no es incompatible con el reconocimiento de “una moneda común europea”. Tampoco lo es la salida de la UE, que desde hace semanas se condiciona a un referéndum.


Según el periodista Guillermo Fernández un sondeo de Ipsos indica que alrededor de un 15% de los electores de “La Francia Insumisa” se decantará por Marine Le Pen en la segunda vuelta, un 50% votará por Macron y un 35% se abstendrá. Le Pen sabe que no es suficiente. Por ello en los últimos días está dando los pasos enunciados. Tiene que ser capaz de apelar a toda esa Francia a la que no le va bien, impregnarla del sentimiento de revancha contra los privilegiados: “Somos lo pequeño contra lo grande, David contra Goliat. Con nuestro patriotismo venceremos al abandono, a la sumisión y a la capitulación”, dijo Marine Le Pen en un mitin en Niza este jueves 27 de abril.


Lo que tienen que contar ahora los candidatos a 60 millones de hombres y mujeres es una historia completa. La gran novela nacional, o su declive,  es el desafío.


racinesdufn


 


 
Post date: 2017-05-02 21:57:55
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