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En el Centenario de un sindicato patronal único: La Federación Patronal de Cataluña, por Soledad Bengoechea




Soledad Bengoechea, doctora en Historia Contemporánea. Miembro del Grupo de Investigación consolidado “Treball, Institucions i Génere” (TIG) de la UB.


Este trabajo analiza la articulación de los empresarios catalanes en una federación patronal unitaria a escala catalana. El proceso se inició a finales del siglo XIX y finalizó en el año 1920, justo ahora hace un siglo. Los fundamentos que permitieron este proceso fueron las asociaciones patronales.


Las asociaciones patronales aparecieron en Barcelona y su provincia al calor de la Ley de Asociaciones de 1887 después de legalizarse en el Gobierno Civil, donde presentaban sus actas. De los contenidos de esos viejos legajos de archivo se han nutrido estas páginas. Es necesario, no obstante, dejar constancia de que la patronal no solo se organizaba en asociaciones específicas. Desde que se promulgó dicha ley –e incluso desde la pasada mitad del siglo XIX, hasta el año 1920, periodo en que finaliza este escrito- se asiste al surgimiento de asociaciones de todo tipo (económicas, culturales, recreativas, científicas, religiosas o políticas) que pretendían articular sectores muy importantes de las clases dirigentes catalanas. Pero los acontecimientos y disturbios de finales del XIX y principios del XX y, sobre todo, la difícil coyuntura de 1919, fueron el motor que impulsó el florecimiento de estas asociaciones específicas patronales. La patronal llevó adelante un decidido proceso de autoorganización con tal de presentar un frente unido al movimiento obrero en auge y frenar la puesta en marcha de medidas reformistas que en materia social se gestaban desde Madrid.


Entre 1887 y 1909, las sociedades patronales se hallaban divididas por parcelas sectoriales, territorialmente y por especialización de oficio industrial. A partir de 1910, se observa una creciente tendencia a la agrupación de patronos de distinto oficio en una única organización. Entonces aparecieron las primeras Federaciones patronales que reunían a patronos de distinto oficio y localidad. Este fenómeno se produjo en diferentes sectores (construcción, madera. metal, textll, alimentos, vino, etc.). Se observa, también, una voluntad patronal de agrupar patronos de toda la provincia e, incluso, de toda Cataluña, con la finalidad de constituir Federaciones patronales. Así se constituyó la Federación Patronal de Cataluña que da título al presente escrito.


Las sociedades patronales que surgieron a finales del XIX eran sociedades que podríamos denominar de resistencia, que se organizaban copiando las tácticas asociativas de sus obreros. Curiosamente, presentaban ya una característica peculiar: aparecían de unas estructuras preestablecidas ya que en la mayoría de los casos eran herederas de antiguos gremios, gremios que aún perviven en la actualidad.


Dado que surgían como sociedades de resistencia, sus objetivos tenían como denominador común ganar las huelgas. Para lograrlo, al presentarse un conflicto estas asociaciones quedaban obligadas a contribuir a solucionarlo. Cada sociedad tenía el deber de hacer público el conflicto que tenía planteado en su empresa. Si la junta consideraba que el conflicto tenía que defenderse hacía suyo el problema planteado y todos los asociados estaban obligados a comportarse de la misma manera. El asociado que no cumpliese con ese principio podría ser expulsado. Si las nuevas asociaciones declaraban que uno de sus objetivos era evitar las huelgas, es lógico que los empresarios jurasen ayudarse entre ellos en caso de decretarse un paro. Dado que el despido era libre, en un contexto en que había un gran número de mano de obra sobrante una lista negra que funcionase en la organización evitaría que al obrero despedido le dieran trabajo en ninguna empresa.


Las primeras asociaciones patronales del metal, 1900


En Barcelona, la última década del siglo XIX se destacó por su conflictividad social. Sólo es necesario recordar los primeros de mayo que llevaron a la burguesía a atrincherarse tras sus puertas y ventanas. O los atentados terroristas protagonizados por los anarquistas. O el florecimiento de sociedades obreras. Ya en el año 1900 se creó la Federación Regional de Sociedades de Resistencia. Recién entrado el nuevo siglo, se registraron hasta once sociedades obreras de resistencia solamente en el sector del metal.


Como respuesta a este esfuerzo asociativo, la patronal metalúrgica inició un proceso de cohesión. En este sector industrial, en unos momento de desarrollo económico, solían producirse numerosos conflictos. La patronal se negaba a conceder las 9 horas de jornada laboral en lugar de las 10 que eran las habituales. El argumento que se esgrimía para esta negación era que era difícil competir con las empresas extrajeras.


El 11 de enero de 1900, se registraba en el Gobierno Civil de Barcelona una asociación de industriales metalúrgicos bajo el nombre de “Industriales mecánicos”. Tenía un origen gremial. Durante muchos años había permanecido inactiva, pero ahora se reorganizaba y es por ello que se tiene conocimiento de ella. Su importancia no tiene dudas. Era el núcleo de donde surgiría la articulación de la patronal metalúrgica. En la junta directiva de la entidad se encontraban algunos hombres que integraban las agrupaciones del metal del Fomento del Trabajo Nacional.


En aquel mismo año 1900 se agruparon los patronos metalarios. Ambas sociedades compartían el mismo domicilio social. Estas asociaciones patronales que se articulaban paralelamente a las sociedades obreras tuvieron un gran protagonismo en la huelga general de 1902.


Sociedades patronales en la construcción, madera y afines, 1900


Hacia la segunda mitad del siglo XIX, se conjugaban en el área barcelonesa varios factores que crearon las condiciones perfectas para la formación de un mercado de la vivienda en expansión y la creación de una industria de la construcción dedicada tanto a la edificación de viviendas como a las obras de urbanización de la ciudad. Barcelona había iniciado su gran expansión moderna entre 1841 y 1855, época en que derribó sus murallas; treinta años después, se habían construido más de 60.000 edificios en esa localidad. En el año 1900, la ciudad tenía 533.000 habitantes y sólo diez años después estaban censados 587.411. A pesar de ser una ciudad marítima, creció de espaldas al mar y el plan urbanizador concebido por Ildefonso Cerdà fracasó, dejando reducida la expansión urbana a lo que era potencialmente: un plan perfecto para una especulación de terrenos. Así, la ciudad condal entraba en el último cuarto del siglo XIX en plena euforia expansiva y la Exposición Universal de 1888 fue un elemento más que ayudó a esta expansión. La gran demanda de trabajo para realizar las obras de infraestructura actuó como un factor de atracción para los arruinados agricultores del país, que vino a reforzar el poderoso efecto de expulsión originado por la crisis de la agricultura. El impulso fue eventual y se desaceleró ya en 1887 y llegó a su fin en el año 1900. A principios de 1892, más del 80% de los obreros en paro inscritos en las oficinas municipales pertenecían al sector de la construcción.


En aquellos años, el sector de la construcción estaba formado por pequeñas empresas que estaban guiadas por un maestro de obras o un contratista que se encargaba de la construcción de vivienda y de coordinar la adquisición de materiales necesarios para la construcción. Estas pequeñas empresas, con un capital fijo escaso, empleaban una mano de obra desvalorizada que les permitían obtener pingues beneficios.


El contratista tenía un papel muy importante en las industrias de la construcción como elemento aglutinador y cohesionados de las industrias auxiliares. Estos constructores ocuparon un papel prominente en la lista de los principales promotores. Los principales promotores y el número de casas y obras construidas por los mismos pone de relieve la inexistencia de agentes que desarrollaran una actividad verdaderamente importante.


En estos años, el auge de las obras públicas posibilitaba el desarrollo de las industrias de materiales para la construcción. El subsector de más demanda fue el elemento artificial. En 1901 se estableció “ASLAND”, la primera empresa española productora de cemento.


El 31 de julio del año 1900, siendo gobernador civil de Barcelona Francisco Portela, dos personajes ligados a la construcción. José Sabadell Giol y Salvador Blay, presentaban ante el gobierno civil una reforma de los reglamentos de una organización patronal que tomaría por nombre “Centro de Contratistas generales de Obras y Maestros de Obras de Barcelona”. La anterior sociedad patronal, de la que ahora reformaban el reglamento, había sido legalizada 8 años atrás, a raíz de las huelgas de la construcción acaecidas en 1891, pero sólo recogía a los contratistas de obras. La legalización de la nueva sociedad era la culminación de un proceso de fusión de los Contratista de Obras y de los Maestros Albañiles. Este proceso, iniciado ya desde el nacimiento de estos gremios, en la edad media, se había truncado en varias ocasiones a lo largo de la historia. Los distintos acontecimientos que tuvieron lugar al acabar el siglo, junto con las posibilidades que se vislumbraban en el sector de la construcción, sobre todo en el de las obras públicas, fueron el acicate que llevaron a estos patronos a la unión. La sede de la sociedad se fijó en una dirección, Rambla Canaletas, 6, 1ª, que ha resultado clave para seguir la pista de la Federación Patronal.


Con la fusión de estas dos sociedades, sus auspiciadores conseguían unir en una sola organización patronal a todos los constructores y maestros albañiles de Barcelona y comarca que tuviesen vocación asociativa. La Asociación fue tomando importancia y en 1907 ya editaba una revista “La Edificación Moderna”. Justo entonces, la sociedad tenía ya 135 asociados.


En la Junta directiva de la asociación encontramos de nuevo a José Sabadell Giol. Sabadell, nacido en 1857, era contratista, constructor y maestro de obras político conservador, empresario y propietario. Fue alcalde de Gracia en 1891 y 1892, localidad donde tenía su domicilio exactamente en la Rambla del Prat, 3-5. Más tarde, fue concejal del Ayuntamiento de Barcelona. De hecho, entre los componentes de la junta directiva de la asociación varios estaban relacionados con los concejales del Ayuntamiento de Barcelona. Esa estrecha relación entre contratistas y concejales debe entenderse en el contexto del momento, tiempos de auge para las industrias de la construcción.


Durante el primer cuarto del siglo XX, la dinámica propia de equilibrio de fuerzas entre republicamos y regionalistas, con épocas de estrecha colaboración de estas dos fuerzas políticas, produjo uno de los momentos más brillantes en la gestión del Ayuntamiento de Barcelona. De aquellos años han quedado en la ciudad no solo resultados puntuales, como plazas, parques, edificios escolares, sino también proyectos que dejaron definidos aspectos del futuro –los cinturones de ronda, por ejemplo-. Es de suponer que el tener acceso a la concesión de las obras públicas ocasionaría numerosas fricciones entre los propios contratistas de obras, impulsándoles a “colocar” en puestos de poder a sus allegados. Quizás incluso algunos concejales comenzaron en el negocio de la construcción después de haber accedido al cargo. Un rasgo distintivo de este sector es que ha sido una actividad económica regulada desde antiguo por los poderes públicos y que esta intervención de las autoridades en el sector tendía a acentuarse que el proceso industrializador avanzaba, ya que venía dictada por la necesidad acuciante de regular el desarrollo urbano.


Los objetivos que se perseguían con la creación de esta asociación quedaban reflejados en su Reglamento. El elemento común era de nuevo el que se refería a las huelgas. La eventualidad y la irregularidad del trabajo propio del sector de la edificación, unido a su peligrosidad (las fracturas o muertes por la caída de los obreros eran frecuentes) favorecían la combatividad de estos trabajadores. Por todo ello, hallar los medios para evitar las huelgas fue el motor que movió a la patronal de la construcción en aquellos años de expansión. Para ello se trataba de conseguir la unión de todas las industrias relacionadas con el ramo de la construcción de obras. Pero no solo se quería limitar a unir los contratistas o maestros de obras, sino también al resto de las industrias vinculadas a ellos: pintores, yeseros, marmolistas, etc. En este proyecto estaba implícita la idea de formar una agrupación patronal que superase las tradiciones agrupaciones de oficio. Pero la cohesión entorno a la supraorganización solo se efectuaría en caso de que algún sector de las industrias de la construcción presentase algún problema.


Las Huelgas de 1910 y la constitución de la Federación de las Industrias (o Ramos) de la Construcción, 1910


Cuando llegó 1910 los obreros metalúrgicos continuaban pidiendo las 9 horas de jornada laboral. En esa fecha, al igual que había ocurrido 8 años atrás, los anarquistas pretendieron impulsar una huelga general. Como entonces, el conflicto se inició en el sector del metal. Cuando ya holgaban 7500 obreros, el industrial textil José Monegal Nogués, político conservador, senador vitalicio y católico social escribía a su gran amigo Antonio Maura. Maura había dimitido de su puesto de jefe de gobierno debido a los acontecimientos de la “Semana Trágica” que había tenido lugar el año anterior.


Excmo. Señor D. Antonio Maura. Mi querido amigo: Dice el gobernador que no permitirá coacciones y éstas se han hecho y se hacen al oído, con signos, con insultos y con algunas agresiones, aunque no haya colisión. Huelgan por esos medios “lícitos” 7.500 obreros. Desde la Casa del Pueblo fueron unos 3.000 hasta la Plaza del Ángel. Pero todo pacíficamente y sin molestias de la vigilancia.


Hoy ha llamado a varios Presidentes y a mí para consultarnos sobre la gravedad de la situación; véola muy difícil de volver por medio de cataplasmas y palabras almibaradas. Sin embargo, confío en que Dios nos salvará de los peligros: sólo en Él podemos ya confiar. Monegal.


El 20 de septiembre, cuando el número de parados rondaban los 8.900, el Gobernador Civil se ofrecía como mediador con la condición de que patronos y obreros iniciasen unas negociaciones. Los industriales metalúrgicos, entonces, alentaron a Luís Muntadas, presidente del Fomento del Trabajo Nacional e importante industrial textil –de “La España Industrial”- a que se dirigiese al Gobernador Civil como portavoz de un comunicado. El escrito recogía el sentir de los patronos: se negaban a entrar en negociaciones porque no se avenían a conceder las 9 horas de jornada laboral. Tampoco querían que se estableciera una homologación entre los pequeños y grandes empresarios.


En pleno otoño, cuando las hojas cubrían las calles de Barcelona, el conflicto seguía sin solucionarse. Al parecer, las pérdidas ascendían a ¡¡¡1.100.000 pesetas de la época!!! Entonces, y solo entonces, se legalizó una Federación Patronal que recogía, simultáneamente, tanto a las asociaciones de la construcción como las del metal; todas derivaban de antiguos gremios. La aparición de esta Federación coincidiendo con los conflictos del metal suponía la culminación de un proceso iniciado a principios de siglo y constituía un paso más hacia la articulación de una única organización patronal, de una plataforma unitaria que pudiese presentar una fuerza imponente ante el elemento obrero. Este proceso de articulación patronal, que desembocará en la Federación Patronal de Cataluña, se llevaba a cabo siempre como respuesta a las huelgas y a la conflictividad social. La nueva Federación tendría por nombre Federación de las Industrias de la Construcción y señalaba su domicilio social en un lugar ya conocido: Rambla Canaletas, 6, 1ª.


Las asociaciones patronales con voluntad de constituirse en federaciones parecen indicar que eran asociaciones “fantasmas” en las que se reunían un grupo de amigos, sus juntas directivas, sin que llevaran a cabo un proyecto definido. Pero cuando los patronos se veían en peligro acudían en masa a sus organizaciones de resistencia. Por ello, en medio del imponente conflicto del metal se fundó esta Federación de las Industrias de la Construcción. Su presidente seguía siendo José Sabadell Giol.


En definitiva, la constitución de la Federación en 1910 pone de relieve que la estrategia de la patronal de la construcción, ya esbozada en los objetivos del Centro de Contratistas en ese año, pasaba por la consecución de la unión de todas las industrias del ramo; e incluso las del sector del metal. En aquella organización quedaban englobados tres de los sectores puntuales de aquellos años: construcción, metal y madera. El textil, otro sector puntero en la época, se organizaba de manera paralela. Las cabezas visibles eran José Sabadell, contratista de obras. Sabadell morirá unos años después, en 1914, víctima de la epidemia de tifus que asoló la ciudad condal; Josep Albert Barret, patrono importante del metal y director de la escuela de Ingenieros Industriales, y Félix Comas, del sector de la madera. Por último, destaquemos a Josep Pallejà, de oficio pintor.


Asociaciones de los patronos textiles


La importancia que tuvo la industria textil catalana en sentar las bases de una industrialización en el conjunto del estado español es algo conocido. La provincia de Barcelona, que reunía la mitad de los habitantes de toda Cataluña, era, con mucha diferencia, la más importante productora textil. El sector más importante era el del algodón, seguido por el de la lana. Aparte de la propia capital, los núcleos industriales y urbanos más relevantes eran: Sabadell, Terrassa, Manresa y Mataró. Los capitales aportados para hacer posible este proceso de desarrollo surgieron hacia mediados del XIX cuando unos hombres que llegaron a crear verdaderas sagas familiares invirtieron los beneficios, obtenidos generalmente en el comercio de ultramar o en las plantaciones cubanas, en la industria textil. Esto consagró la hegemonía textil catalana que aprovecho el puerto de Barcelona para la descarga del algodón, las cuencas del Fluvià, Ter, Llobregat y Cardoner.


Desde que adquirió un mínimo nivel de desarrollo, el textil se enfrentó con un problema de escasez de demanda. El mercado nacional no estaba articulado. La falta de demanda impedía que se estimularan las infraestructuras en las industrias textiles catalanas. Habría que esperar al impacto de la Gran Guerra (1914-1918), al abrir nuevos mercados, para que fuera produciéndose cambios en esta industria. Por otro lado, en este sector los conflictos eran muy importantes debido a la sobreexplotación del trabajo y a los bajos salarios. El textil empleaba a un gran número de mujeres y niños.


Desde el siglo XIX, la patronal del textil contaba con un gran número de asociaciones importantes. Pero durante los años que van a caballo entre los siglos XIX y XX, el proceso de articulación de los empresarios textiles en organizaciones patronales de resistencia, fuera de las corporaciones de raigambre, como el Fomento del Trabajo Nacional, se fue llevando a cabo independientemente de los sectores hasta ahora analizados, madera, construcción y metal. Aunque la patronal del textil se asociara al margen de éstos, su articulación se efectuaba de manera paralela; obedecía a unos motivos similares: la conflictividad social y la actuación reformista de algunos gobiernos de la Restauración. A lo largo de los años, este parecido en la persecución de unas mismas finalidades llevará a los empresarios de todos estos ramos industriales a dejar de lado su independencia inicial y a un inevitable entendimiento y una actuación común. Pero eso solo se hará realidad durante la especial coyuntura de 1919.


En los años que van de finales de siglo a 1913 se crearon en diversos lugares de Cataluña sociedades patronales de resistencia en el sector del textil. Pero he aquí que durante aquel caluroso verano de 1913 hubo una imponente huelga en el sector. Llegaron a parar 63.000 obreros, la mayoría mujeres. Aunque el resultado del conflicto no significó un claro triunfo para los obreros, sí vieron reducido su horario laboral. La respuesta patronal no se hizo esperar: en pleno otoño, concretamente el 22 de octubre, se estructuraba la Federación de Fabricantes de Hilados y Tejidos de Cataluña. Los objetivos perseguidos eran formar un frente unido contra las sociedades obreras y contra la actuación reformista del gobierno que concedía a los obreros unas mejoras en el panorama laboral. Dado que los estatutos del Fomento del Trabajo Nacional prohibían a esta entidad actuar como una asociación de resistencia, algunos de sus socios tornaron la decisión de formar una organización al margen de la asociación matriz.


La Federación Patronal de Barcelona, 1919


En una Barcelona sometida a la crisis económica de la Gran Guerra las noticias que hablaban del triunfo de los bolcheviques en Rusia en 1917 había sido un factor de desestabilización. La ciudad era un polvorín y los hombres de la CNT, ilusionados ante un quizás posible triunfo revolucionario, entre junio y julio de 1918 habían celebrado el llamado Congreso de Sants. Durante sus actos, se organizaron en sindicatos únicos o de industria, cono lo cual trataban de conseguir mayor agilidad en su lucha reivindicativa. En Cataluña, la afiliación al sindicato crecía de día en día, de tal manera que en 1919 la CNT afirmaba tener más de 400.000 afiliados.


Durante septiembre de 1918, en las obras del pantano de Camarasa, en la provincia de Lleida, los anarcosindicalistas galvanizaron y consiguieron hacer estallar una serie de conflictos. Los propietarios del pantano de Camarasa, de capital británico y canadiense, eran los mismos que los de la compañía Riegos y Fuerzas del Ebro, establecida en la ciudad condal y conocida como La Canadiense, que suministraba la electricidad a Barcelona. En solidaridad con sus compañeros de Lleida, el 8 de febrero se inició la huelga de La Canadiense en Barcelona. Despacio, el conflicto se fue generalizando a los ramos del gas, de electricidad y otros tipos de industrias. Las reivindicaciones eran las tradicionales: aumento salarial, jornada de ocho horas, readmisión de los despedidos y libertad para los detenidos. Pero, además de estas peticiones, entre algunos grupos cenetistas más radicales estaba subyacente la esperanza de que este no fuera un conflicto más. Excitados por los conatos revolucionarios que se prodigaban en el panorama europeo, aquella huelga fue la excusa para lanzar una ofensiva en toda regla contra el estado de cosas reinantes. Y así fue percibida por las clases dominantes; entonces Barcelona empezó a vivir unos momentos de verdadera angustia. Andar por las calles de la ciudad si se tenía aspecto de obrero era toda una odisea, y comportaba exponerse a levantar los brazos continuamente a causa del gran número de cacheos. Al caer la noche del día 20, Barcelona estaba totalmente a oscuras y el silencio era tan denso que casi era tangible. Entonces, a petición de los directivos de La Canadiense, el Estado se hizo cargo de la compañía. El 21 de febrero las tropas ocuparon las plantas eléctricas y volvieron a iluminar Barcelona. Cuando se amenazó a los obreros con el despido si se negaban a volver al trabajo, el Sindicato de Artes Gráficas cenetista impuso una “censura roja” a todos los diarios barceloneses; durante siete días la prensa barcelonesa enmudeció, y la resistencia a reincorporarse al trabajo fue masiva. Y empezaron las detenciones.


Fuentes documentales ligadas al conde de Romanones, entonces presidente del gobierno, narran que en algunos ambientes se creó el sentimiento de que durante la huelga se habían llegado a formar comités de obreros y soldados, y corrían rumores que en algunos momentos las tropas se negaron a seguir las órdenes de sus superiores.


Todo esto permite entender como, paralelamente al estallido de los conflictos en el sector de las industrias de la energía, se produjo un hecho que tendría una importancia crucial para la vida de la ciudad: aquella Federación Patronal de los Ramos de la Construcción, que había ido funcionado durante los años anteriores, se legalizaba ahora de nuevo, y tomaba el nombre de Federación Patronal de Barcelona. Tradicionalmente liderada por los industriales de la construcción, reformaba una vez más sus estatutos y se asignaba un nuevo reglamento. Ante una ciudad en peligro de paralización total, la unión patronal en una organización de resistencia -estructurada tal como la CNT se había estructurado durante el pasado Congreso de Sants (1918), se percibía como un elemento decisivo para tratar de controlar a los obreros. He aquí su acta de constitución:


“Acta de constitución de la Federación Patronal de Barcelona. En la ciudad de Barcelona, en el día 12 de marzo de 1919 y en el domicilio social de la Federación de los Ramos de la Construcción de Barcelona, Rambla Canaletas 6-1º, reunidos los señores delegados de las entidades inscritas en la misma, diese cuenta de haberse aprobado por la Autoridad Gubernativa los Estatutos reformando la antigua Federación y leídos que fueron declaróse constituida con arreglo a dichos Estatutos la Federación Patronal de Barcelona”.


En la primera reunión de los socios, se eligió el primer directorio. Todos pertenecían a las industrias de la construcción. En los estatutos de la entidad quedaron reflejados sus objetivos. Detengámonos en ellos. Son importantes.


La pretensión de la Federación era establecer un control absoluto sobre el funcionamientos de sus sociedad adheridas. Un ejemplo: éstas tenían la obligación de comunicarle cualquier indicio de conflicto que surgiese en alguno de los oficios que la integraban. Además, se quería que el control fuese más allá del ámbito barcelonés. Para hacerse socias de la Federación, las sociedades solo estaban obligadas a pagar una cuota de entrada. Pero esta cuota variaba según el número de obreros que tuviese cada empresa afiliada. Esta premisa, lógicamente, llevaba aparejada una jerarquización dentro de la organización; en otras palabras, la última decisión la tendrían las empresas más grandes, las que tuvieron un número más alto de trabajadores.


El control también se establecía respecto a los obreros. Se hacía realidad crear una oficina de contratación, es decir, una bolsa de trabajo. Su función más destacada sería la de romper las huelgas. Para ello la oficina dispondría de un fichero, donde obligatoriamente figurarían todos los datos de los asalariados de los empresarios federados. En caso de huelga, la bolsa facilitaría a los federados el personal que se considerase “adecuado para reemplazar a los huelguistas”. La misma oficina estaría encargada de redactar un contrato de trabajo común que sería obligatorio para todos los socios, en el cual se estipularía una cantidad determinada para caso de muerte, enfermedad o invalidez. También se quería crear un seguro de enfermedad, restaurantes económicos, casas baratas y una escuela de aprendizaje para los hijos de los obreros. En definitiva, la federación pretendía sustituir las funciones del Estado: controlar no solo la vida laboral sino también el mundo social y personal de los trabajadores.


Otro punto importante de los estatutos giraba entorno al locaut. Se señalaba que todos los patronos de un mismo campo industrial estaban obligados a secundar las consignas de un locaut cuando un problema planteado en el sector durase más de diez días. Si una huelga se extendía más de veinte, todos los patronos federados tenían la obligación de sostener el locaut siempre que así lo estipulase el Directorio de la Federación. Para ayudar a aguantar los locauts se preveía la creación de un seguro mutuo de huelgas.


La virulencia que tomó la huelga de La Canadiense fue el motor que aceleró el proceso de reconstitución de la Federación Patronal de Barcelona. El sueño de articular un Sindicato Patronal Único, siguiendo el modelo de la CNT, comenzaba a dejar de ser una utopía.


El verano de 1919 fue especialmente duro para la patronal catalana. Las huelgas no cesaron. En un Congreso Patronal celebrado en el Palau de la Música Catalana en octubre, la Confederación Patronal Española y su filial la Federación Patronal de Barcelona decretó un locaut que sumió la ciudad condal a 84 días de paro. Para entonces, la Federación de Barcelona ya enrolaba, prácticamente, toda la patronal catalana, incluido el importante sector del textil. Aquel locaut llevó el hambre y la desesperación a innumerables hogares de la clase obrera y también de las clases medias. La CNT salió de la prueba con sus fuerzas menguadas.


La Federación Patronal de Cataluña, 1920


Después del locaut, con un hombre como el conde de Salvatierra, de línea dura, en el Gobierno Civil de Barcelona, la Federación Patronal se mantenía relajada. Pero el asesinato del Gobernador, cometido a finales de 1920, y su sustitución por Federico Carlos Bas, considerado como un hombre “blando” volvió a movilizar a los empresarios. La Federación renovó sus Estatutos y cambió su nombre. Ahora se denominaría “Federación Patronal de Cataluña”.


El cambio de nombre no hacía más que dar un tono de legalidad a un hecho que era una realidad: la Federación no sólo abarcaba a los patronos del área barcelonesa, sino que su radio de acción se extendía por toda Cataluña. Ahora, en la nueva junta directiva encontramos representados los cuatro sectores puntales en la economía catalana del momento: construcción, madera textil y metal. Una novedad: también estaban presentes los agricultores, así como los comerciantes aunque ninguno se estos dos sectores estuviera representado en su Junta Directiva. La Junta estaba presidida por Félix Graupera Lleonart, contratista de obras, que ya estaba presente en la sociedad de la construcción de principios de siglo. Había sufrido un atentado el 5 de enero de 1920, durante el locaut, que no acabó con su vida. No tendría tanta suerte en el verano de 1936, cuando fue abatido por balas anarquistas.




Mundo gráfico. 14/1/1920


En los Estatutos de la Federación se ponía de manifiesto su intención de coordinar y unificar en una única macro-organización todas las fuerzas patronales localizadas en Cataluña. Una novedad en los puntos de los estatutos en relación con los anteriores era el que señalaba que estas sociedades federadas serían órganos de presión ante el gobierno para que éste díctase las disposiciones encaminadas a resolver los problemas pendientes entre capital y trabajo.


Los Estatutos de la Federación señalaban que se habían creado una serie de Agrupaciones que se condensaban en veinte Ramos de Industria abarcando la totalidad de la economía catalana. Comprendían los sectores de la Construcción y habitación; Transformación de Tejidos, Vestido e Industrias Anexas; Textil; Comercio Mayor; Piel y Cuero; Vidrio; Agricultura y Transformación de productos agrícolas; Madera; Industrias del Libro, del Papel y de las Artes Gráficas; Servicios Públicos; Industrias Marítimas y Transporte; Metalúrgico; Industrias Mineras; Instrumentos de Precisión; Industrias Químicas; Material para Trasportes; Arte y Lujo, Luz; Fuerza y Calefacción; Alimentación; Aeronáutica, Automóviles y Ciclos.


Unas cuantas reflexiones


La articulación de la patronal catalana en asociaciones de residencia comenzó a producirse desde finales del siglo pasado y consiguió sus cotas más importantes en los cuatro sectores claves de la industria catalana: construcción, madera, metal y textil. A lo largo de los años, esta estructuración empresarial se fue llevando a cabo más o menos siguiendo la pauta organizativas utilizadas por los trabajadores; en realidad, puede decirse que entraron en una relación dialéctica. Ambas partes en lucha se estimulaban e impulsaban, recíprocamente, las mismas estructuras asociativas; las dos, empleaban a veces las mismas medidas coercitivas respecto a miembros de su propia clase para que se organizasen.


Durante la década transcurrida entre 1900 y 1910 se movilizaron un gran número de empresarios de la edificación. Algunos, dedicados a trabajos de tipo artesanal, padecían la marginación propia de unos oficios que se veían desplazados por los cambios que acompañaban el nuevo siglo. Otros, antiguos obreros, se habían incorporado recientemente al mundo empresarial en el marco de aquella Barcelona en expansión. En un primer paso, los pequeños patronos de estas industrias se organizaron en asociaciones llamadas de oficio carpinteros, pintores, etc.; paralelamente, se dio este proceso entre los patronos del metal. Cuando se presentaron las huelgas de 1910, se dio un paso decisivo en el desarrollo organizativo al asociarse en una única Federación los ramos de la construcción, la madera y el metal. El artífice de esta unión fue José Sabadell, contratista de obras y político. Esta Federación fue, sin dudas, la antecesora directa de la Federación Patronal de Cataluña, reorganizada el año 1920.


Las asociaciones y federaciones patronales que durante estos años se fueron creando actuaron como verdaderas sociedades de resistencia. El papel que tuvieron en este sentido fue, en primer lugar, de enfrentamiento directo con los obreros, creando cajas de resistencia con la ayuda de las cuales podían aguantar las huelgas y locauts. En segundo lugar, estableciendo diversos tipos de control sobre sus trabajadores: por ejemplo, a aprovechando los contactos que los patronos mantenían entre sí en la sede de sus sociedades, cambiaban listas de los obreros más conflictivos. En tercer lugar, sirviendo como sociedades como entidades que dirimían los conflictos creados entre los propios patronos, obligándoles a resistir en caso de una huelga y de no ceder individualmente ante las peticiones de sus obreros. Se ha de tener en cuenta que si un empresario transigía ante las coacciones de sus empleados, de inmediato se extendía el ejemplo. Y, por último haciendo de grupo de presión ante los poderes locales –Ayuntamiento, Diputación, Gobernador Civil, Capitán General- y de un gobierno que se mostraba cada vez más inclinado a una legislación reformista, en un intento de paliar la conflictividad social.


El año 1914, antes de estallar la Primera Guerra Mundial, la articulación de la patronal catalana para combatir la conflictividad social era un hecho incuestionable. Entre 1910 y 1914 la organización empresarial no tomaba forma solo en sociedades de resistencia, sino que la patronal del metal, de la construcción y del textil había conseguido estructurar varias federaciones patronales, aunque sectoriales, no unitarias, y había sido una de las principales impulsoras de una Confederación Patronal de ámbito estatal. La evidencia de estos hechos convida a matizar algunas de las interpretaciones que tradicionalmente se han hecho sobre esta cuestión y llevaba a plantearse un punto crucial; si, en todo caso, el conflicto mundial no hizo sino retardar, y sin duda radicalizar, un proceso revolucionario que no era nuevo, porque se constata que, en Cataluña, y en otras zonas de España, ya estaba abierto con anterioridad.


La constatación de los hechos impone también cuestionar la interpretación que usualmente se ha sostenido sobre el tipo de empresario que constituyó la Federación de Barcelona/Cataluña y que le caracteriza como basto, chabacano, enriquecido en la coyuntura de la Gran Guerra, más duro y agresivo que el burgués arraigado. Pues bien, los viejos papeles custodiados en los archivos demuestran que las sociedades patronales de la construcción, que fueron el embrión de dicha Federación, funcionaban desde el cambio de siglo y que siempre fueron dirigidas más o menos por los mismos industriales. Por ello, no se puede generalizar al decir que aquella patronal se hubiese incorporado al mundo empresarial en la coyuntura de la guerra del catorce. También existen evidencias que confirman que las sociedades de resistencia tanto el empresariado del metal como el del textil que en 1919 se adhirieron a la Federación Patronal también se organizaban desde finales del XIX y que estas sociedades estuvieron lideradas por los empresarios más importantes de Cataluña. La inmensa mayoría de estos empresarios eran socios y directivos tanto del Fomento del Trabajo Nacional como de las Cámaras Oficiales y de otras sociedades económicas, culturales o recreativas arraigadas en Cataluña.


Obviamente, la comprobación de estos hechos obliga a cuestionar también la tesis de que el Fomento representaba los grandes empresarios y la Federación los pequeños, dado que, repetidamente, los mismos personajes figuraban en las juntas directivas de ambas organizaciones. En todo caso, es válido plantearse que el Fomento siempre se presentaba como una organización “de orden”, que no ejercía como una sociedad de residencia, entre otras cosas porque sus estatutos se lo prohibían. Una cláusula la que el Fomento no se molestó en variar, ya que su vocación era constituirse como una corporación gremial, no se resistencia. Esta tarea de combate la delegó en manos de otras entidades, que al menos durante los años clave 1919-1920 constituyeron la Federación de Barcelona/Cataluña. Con las citadas sociedades, a menudo el Fomento estableció una relación dialéctica de dependencia; y, de hecho, cuando la radicalización social se hizo insostenible la simbiosis devino casi perfecta. Destaquemos, igualmente, que muchos de los empresarios que durante aquellos años lideraron las sociedades de resistencia siendo socios, al mismo tiempo del Fomento o de otras corporaciones de raigambre, colaboraron después activamente en auspiciar el advenimiento de la Dictadura de Primo de Rivera y luego con el dictador. Más tarde, finalizada la guerra civil, algunos volvieron a ocupar cargos tanto en el Fomento como en las Cámaras Oficiales.


El proceso de llegar a la Federación Patronal de Cataluña no fue fácil ni lineal. Las agrupaciones de base coincidió siempre con las zonas más industrializadas, como es obvio suponer, pero solían ser asociaciones específicas –lo que los obreros llamaban de oficio, no unitarias-. Ante esta disgregación de fuerzas, la llamada de los patronos a la unión fue constante, pero la respuesta minoritaria. Los patronos se movían en un mundo diverso y ni la banca ni el comercio tenían lo mismos intereses que los industriales. Solo en momentos concretos la ilusión de la unidad se hacía posible; pero pronto se desvanecía. Hubo de esperar a la especial coyuntura de 1919 para que el sueño se hiciese realidad. La formación en ese momento de un gran número de asociaciones y federaciones ha de relacionarse con diversos hechos: la formación de los anarcosindicalistas el año anterior de un Sindicato Único, la conflictividad en Cataluña, en España y en diversos países europeos y la amenaza de la Federación Patronal de no dejar federarse a los patronos que no estuviesen ya enrolados en asociaciones y legalizadas.


Cuando en 1920 se dio un paso más y se articuló la Federación Patronal de Cataluña la cohesión de la patronal catalana era un hecho incuestionable. Dentro de esta organización, liderada por unos hombres que al tiempo eran directivos del Fomento del Trabajo Nacional, los patronos se articularon por ramos de industria, constituyendo diferentes corporaciones. Al tiempo, el mismo proceso se daba en el seno del Fomento. En aquellos momentos, después del locaut, ambas organizaciones se movilizaron con la finalidad de articular todo el empresariado catalán en agrupaciones de ramos, mientras pedían al gobierno una sindicación profesional, obligatoria y única para patronos y obreros. Algo que se llevó solo más adelante, ya bajo la dictadura del general Francisco Franco.


Referencias


Soledad Bengoechea. (1994). Organització patronal i conflictivitat social a Catalunya. Barcelona: Publicacions de l'Abadia de Montserrat.

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