
Carlos Barros, historiador, Universidad de Santiago de Compostela – Red Académica Internacional Historia a Debate.
La revuelta gallega de los irmandiños en su contexto europeo, siglos XIV-XVI[1]
El fin de la Edad Media y principios de la Edad Moderna están plagados de conflictos y revueltas en el ámbito de nuestro ámbito contextual, Europa Occidental y Central, y temporal: el tránsito de la era medieval a la era moderna. Concentración conflictiva consecuencia de la crisis del feudalismo, iniciada en el siglo XIV, y también de la emergencia y consolidación del Estado moderno entre los siglos XV y XVI.
Proceso transitorio cuyo estudio no ha de reducirse al ámbito político-institucional ni infravalorar, por consiguiente, el papel de las clases populares por medio de conflictos y revueltas sociales. Revueltas que diferenciamos de los simples conflictos por el uso de las armas por parte de los grupos y clases subalternas, reflejando así las tendencias más profundas, sociales y de mentalidad, del salto a la modernidad, que sólo se puede aprehender cabalmente desde un enfoque histórico global.
Analizaremos sucintamente el encadenamiento de los ciclos de revueltas, del siglo XIV al siglo XVI, haciendo hincapié en las últimas décadas del siglo XV.
Jacquerie
En la segunda mitad del siglo XIV, después de la peste negra de 1348, tiene lugar en 1358 una pequeña revuelta, la jacquerie[2], que tendrá una gran proyección y consideración como modelo de revuelta campesina medieval. Indebidamente porque únicamente es el inicio del ciclo de revueltas del siglo XIV, que alcanzarán una mayor madurez y complejidad a lo largo del último siglo medieval. De hecho, casi treinta años después de esta revuelta francesa, tuvo lugar el levantamiento inglés de 1381, conocido por el nombre de su dirigente Wat Tyler[3].
Estas revueltas campesinas del siglo XIV tienen en común su escasa duración: 10 días en el primer caso, y algo más de un mes en el segundo. Fueron especialmente violentas, finalizaron con represión y ejecución de sus dirigentes y tuvieron lugar originalmente en un ámbito local. Características que se quiso generalizar equivocadamente, como ya dijimos, a todas las revueltas medievales europeas.
Así y todo, los rebeldes, conscientes de su debilidad inicial, llevaron a cabo marchas armadas a las capitales políticas de los reinos, París y Londres (donde tomaron la Torre de Londres), respectivamente, con el fin de extender la revuelta, politizarla y conseguir sus reivindicaciones extremas. En el caso francés la brevedad comentada de la rebelión de la revuelta de los Jacques impidió que los enfurecidos campesinos se pusieran de acuerdo con la burguesía rebelde y los artesanos de París, capitaneados por Étienne Marcel. No romper su aislamiento primigenio fue la perdición de los insurrectos, facilitando al cabo la represión.
Husitas
Las revueltas de la primera mitad del siglo XV supondrán una transición al modelo de las revueltas de la época del Renacimiento, muy distintas en su desarrollo y resultados. Veremos dos ejemplos distanciados por más de dos mil kilómetros, Galicia y Bohemia.
En 1431 tuvo lugar una revuelta en el Reino de Galicia bajo la forma de hermandad -por vez primera- de los vasallos, en Ferrol y comarca, de Nuño Freire de Andrade, a quienes se unieron después campesinos de los vecinos obispados de Lugo y Mondoñedo[4]. Esta primera revuelta “hermandina” comparte con las citadas anteriormente en que también marchan hacia Santiago de Compostela, capital religiosa y política de Galicia, con el fin de conseguir la unidad de acción con la burguesía compostelana tradicionalmente rebelde hacia su señor y arzobispo de Santiago, pretendiendo de este modo ampliar sus reivindicaciones antiseñoriales al conjunto del Reino. Marcha que terminó en una negociación que llevaron a cabo el arzobispo de Santiago, Lope de Mendoza, y Álvaro Núñez de Isorna, que fuera obispo de Mondoñedo y representaba al rey Juan II de Castilla. No conocemos en detalle lo acordado, pero los insurrectos no entraron en Santiago, y tampoco hubo represión[5], lo cual constituye una flagrante novedad respecto a las revueltas del siglo XIV.
La segunda revuelta que hemos seleccionado, entre las que combinan aspectos del siglo XIV y también del último tercio del siglo XV, es el levantamiento de los husitas en el Reino de Bohemia, entre los años 1419 y 1434, que tiene como primer factor diferencial la unión, con cierta envergadura, de religión y revuelta social en la mentalidad y la acción de los sublevados. Precede claramente lo que será posteriormente la guerra de los campesinos alemanes de 1524-1525.
El papel de teólogos reformistas en estas revueltas europeo-occidentales, Jan Hus (ejecutado en 1415), Martín Lutero y Thomas Müntzer (ejecutado en 1525), no se repetirá en los países ubicados al margen de la Reforma protestante.
Los rebeldes husitas organizarán un poder público propio, mediante el concepto taborita de “comunidad de fieles”, que dirigía el ejército y el cobro de impuestos, las cuestiones políticas y diplomáticas, el sistema escolar… Toda una “forma revolucionaria de Estado popular”, ajena al principio señorial y monárquico, regida por un “órgano colectivo elegido”[6]. Los señores y reyes que se les opusieron los reprimieron sangrientamente, durante y después de los eventos militares. El ámbito de la revolución ahora ya no es local, si no nacional, Bohemia (hoy la región histórica principal de Chequia) fue nacionalidad medieval y Reino -con reyes propios- desde la Plena Edad Media.
Galicia, Cataluña
Para la segunda mitad del siglo XV hay que tomar como referencia la Península Ibérica, por darse allí las revueltas sociales más significativas del Renacimiento europeo. La victoria del bando trastámara -el más reaccionario, diríamos en lenguaje actual- en el guerra civil 1366-1369, aupando al poder a Enrique II el Trastámara, engendra una nueva nobleza[7] que refeudaliza las Coronas de Castilla y Aragón, provocando dos grandes revueltas antiseñoriales: 1) los irmandiños del Reino de Galicia, entre 1467 y 1469, por los males y agravios que recibían desde las fortalezas; 2) los payeses de remensa en el Principado de Cataluña, en 1462 y 1484, por los “malos usos” de los señores. En ambos casos el factor nacional actuará como aglutinante, fijando los límites geográficos de los levantamientos, sus temáticas y la composición social de protagonistas y antagonistas.
Lo más sorprendente en estas revueltas peninsulares, y europeas, del otoño de la Edad Media es el papel de la monarquía en apoyo de las reivindicaciones antiseñoriales de los vasallos: Enrique IV y los irmandiños gallegos, Fernando II de Aragón (el Católico) y los campesinos de remensa. Todo un cambio respecto a las revueltas anteriores (en las cuales el Rey solía estar en el lado contrario a los insurgentes). Lo que pone en evidencia el clima histórico del viraje hacia el Estado moderno, anticipado en España en relación con Europa.
En 1486, Fernando el Católico, dos años después de la segunda insurrección remensa consigue, fracasada la política de fuerza[8], un acuerdo que se denominó Pacto de Guadalupe con los campesinos y los señores feudales de Cataluña para abolir los nuevos usos[9]. Una gran victoria campesina (pese a la puntual derrota de la insurrección de 1484), paralela a la lograda por los irmandiños de Galicia en 1467[10].
Se contrapone con lo que sucederá 40 o 50 años después con las revueltas de las Comunidades de Castilla y las Germanías de Valencia, que terminaron en represión, frente a una triunfal alianza renovada de los señores con la nueva monarquía doblemente imperial de Carlos I de España y V de Alemania. No será, con todo, un regreso simple a la vieja medievalidad. En el siglo XVI tenemos ya un Estado robusto e imperial: la monarquía hispánica del Rey Carlos, cabeza además del Sacro Imperio Germánico, que nunca pretendió ser un Estado-nación. Mientras que en la Península Ibérica tiene lugar, modélicamente, el tránsito del Estado feudal al Estado moderno, fusionando los Reyes Católicos las Coronas de Castilla y Aragón. Nicolás Maquiavelo mencionará en El Príncipe a Fernando el Católico como uno de sus modelos a seguir. Carlos V hereda el incipiente Estado español de Isabel y Fernando desarrollándolo como Estado imperial, orientado principalmente hacia las Américas. Aplicando o apoyando unha política represiva, paralela a la utilizada primeramente al otro lado del Atlántico, contra la resistencia indígena en Puerto Rico en los años 1511 y siguientes[11], en las Germanías (1519[12]), las Comunidades (1520-1521[13]) y la guerra de los campesinos alemanes (1524-1525[14]).
Irmandiños
Lo que distingue al levantamiento de la Santa Hermandad del Reino de Galicia del resto de las revueltas europeas, anteriores y posteriores, es el derrocamiento radical de todas las fortalezas del Reino[15]. Lo que implicó la derrota militar de la nobleza y construcción posterior de un nuevo poder en el Reino, comenzando con la ocupación de las jurisdicciones de los señores (desposeídos) por parte de las hermandades locales y provinciales (diócesis) que eligieron de inmediato, como los husitas, un órgano de gobierno: la Xunta Xeral da Santa Irmandade do Reino de Galicia.
Para conocer cómo quedaron los señores, caballeros y prelados de Galicia, tenemos un testimonio excepcional: Rui Vázquez, clérigo de coro de la catedral de Santiago de Compostela, quién, estando a copiar una Crónica antigua de Santa María de Iría por encargo de un canónigo, interpola en 1468, en plena insurrección irmandiña, lo que está sucediendo. Interpretando al modo milenarista como Dios trajera la Santa Hermandad para castigar a los caballeros del Reino por sus pecados (especialmente contra la Iglesia), que quedaron desnudos como vinieron al mundo, sin tierras ni vasallos[16]. Efectivamente, vivían sin señores[17]: el sistema vasallático desaparece de Galicia durante el bienio irmandiño, junto con los señores, unos expulsados del Reino, otros en el exilio interior. Caídas las fortalezas, el impago de rentas y la liberación del vasallaje evidencian el carácter masivo e “irresistible” del movimiento irmandiño. Argumento esgrimido por el arzobispo compostelano saliente Fonseca (hijo) para negar la pretensión del arzobispo entrante Tabera de pedirle cuentas y compensaciones por no haber obligado a los vasallos de la Tierra de Compostela a reedificar las fortalezas que habían derrocado sesenta años antes (Pleito Tabera-Fonseca, 1526-1527). La masividad y determinación de la revuelta viene también a explicar que no hubiera represión ulterior, y que no que se reconstruyesen la gran mayoría de las fortalezas abatidas. Con alguna diferencia en relación con Cataluña, donde hubo represión de la segunda insurrección de 1484 (ejecución del dirigente remensa Juan Sala[18]), antes de imponerse el pactismo real en la Sentencia de Guadalupe. Por el contrario, los dirigentes irmandiños murieron cuando les tocó, de forma natural[19].
Las grandes revueltas de Galicia, Cataluña y Bohemia tienen en común, como ya vimos, un factor de cohesión y reivindicación singular al tratarse de nacionalidades medievales, en forma de reinos o principado (Cataluña). Todos terminaron formando parte de Estados plurinacionales (monarquía hispánica; imperio austriaco, república checa). Esta dimensión nacional tiene un carácter más social en el Reino irmandiño de Galicia[20]: toda una sociedad pluriclasista rebelada contra una oligarquía feudal, a través de un sistema de alianzas que reafirma, así mismo, la originalidad de la revuelta irmandiña gallega en su contexto europeo.
Alianzas
El primer eje unitario de la sublevación irmandiña fue campo-ciudad: campesinos, artesanos, marineros y burgueses, marcharon juntos para elegir cargos y representantes en las asambleas constituyentes de ámbito local, comarcal y provincial, también en la Xunta de Galicia. Así como en los asaltos a los castillos y los ejércitos irmandiños.
En segundo lugar, tenemos la alianza popular con los sectores bajos (clérigos como Rui Vázquez) y medios (canónigos y monjes) de la Iglesia, dónde encontramos particularmente activos (arca de hermandad, elección de diputados, incluso derrocamientos) los cinco cabildos catedralicios en la organización y acción de la Santa Hermandad de Galicia. Estando los monasterios entre los más perjudicados por las expropiaciones nobiliarias[21], estarán también entre los beneficiados por la temporal desaparición de los señores de las fortalezas. La Xunta irmandiña de Galicia emite, por ejemplo, una provisión contra los Andrade asegurando sus posesiones por privilegios de reyes, en favor del monasterio de San Salvador de Pedroso (Xunta de Lugo, 1/IV/1468)[22].
El levantamiento irmandiño tuvo pues su dimensión religiosa liberadora, empezando por el nombre oficial, Santa Hermandad, en cuya literalidad creían los favorables y negaban después los contrarios en los contrastes de pareceres que se dieron en la Galicia post-irmandiña[23]. La radicalidad antiseñorial de los rebeldes fue santificada y legitimada por el milenarismo proclamado por el ya citado clérigo compostelano. Providencialismo sin salirse de la ortodoxia católica, a diferencia de la revuelta husita en Bohemia o la guerra de los campesinos en Alemania, lo cual facilitó la victoria irmandiña y amplió sus alianzas, ayudándoles a sortear la represión.
En tercer término, y no menos importante, está la integración en el bloque irmandiño de buena parte de la pequeña nobleza y miembros de la media nobleza, que contribuyeron a la actividad militar de la Santa Hermandad con hombres a caballo y ocupando cargos de capitanes, subordinados en cuento a la orientación de la revuelta al poder civil de los alcaldes y las Juntas. El rol de los caballeros amigos estuvo centrado en las batallas, más que en los asaltos y la demolición de los castillos, dónde los alcaldes solían actuar como máximas autoridades irmandiñas haciendo con frecuencia como jefes militares de las milicias populares. De ahí la ya mencionada atribución de la tradición oral a Juan Branco, alcalde irmandiño de Betanzos, como “capitán general” de la hermandad galega.
En cuarto y último lugar debemos considerar como aliados políticos de los insurrectos a los oficiales del Rey Enrique en la Corte (sobre todo el secretario y cronista Fernando de Pulgar) y los corregidores en Galicia, presentes en el momento de formación de la hermandad[24]. Y también en el subsiguiente y emblemático asedio y derribo de la Rocha Forte del arzobispo de Santiago de Compostela[25]. Enrique IV había concedido a comienzos de 1467 la petición de hermandades por parte de las ciudades gallegas (que lo apoyaban en la guerra civil castellana) y el 6 de julio de 1467 diera por buenos los derrocamientos llevados a cabo por los irmandiños[26], motu proprio, pese al desacuerdo puntual que tendrá con la hermandad gallega que no respetó las fortalezas -por las que intercedió el Rey- de los pocos nobles gallegos que sostenían la causa enriqueña[27].
Victorias
Por todo lo dicho, constatamos sesenta años después en las probanzas del Pleito Tabera-Fonseca, 1526-1527, un mayoritario[28] y pujante sentimiento de victoria de los 204 testigos rurales y urbanos, que participaron, vieron u oyeron hablar de la gran revuelta de la Santa Hermandad del Reino de Galicia. Actitud confirmada con datos: no hubo represión, no se reedificaron las fortalezas y la alta nobleza malhechora dejó de ser, en los años 80 del siglo XV, la clase dirigente en el Reino de Galicia, siendo substituida por instituciones públicas: Gobernador-Capitán General, Audiencia de Galicia y Junta General del Reino (con escasas competencias). Socialmente, los señores de las fortalezas son reemplazados en el mundo rural, durante el Antiguo Régimen, por la hidalguía intermediaria[29].
Antes de esto, durante la década que sigue al fin del Reino irmandiño de Galicia, habrá una reacción señorial centrada en obligar a los antiguos vasallos a reedificar las fortalezas señoriales echadas abajo durante los años 1467-1469. Lo lograron en muy escasa medida. En 1480, los Reyes Católicos envían a Galicia con plenos poderes al caballero Fernando de Acuña, al jurista López Chinchilla y a Antonio Paz, arcediano de Camaces y organizador de las nuevas hermandades, que integran en buena medida las hermandades revolucionarias de 1467, de forma que podemos hablar de una segunda vuelta irmandiña entre 1480 y 1483. Derrocan en total, según Pulgar[30], 46 fortalezas que habían sido reconstruidas a la fuerza, complementando así la obra demoledora de la revuelta de la Santa Hermandad. En esta tesitura, los representantes reales apremian a los nobles oligarcas a presentarse a la Corte.
En fin, los vientos de la historia resultaron favorables para la insurrección gallega: todas las clases, estamentos y grupos que participaron, con diferente grado y función, en la gran revuelta 1467-1469 ganaron con los cambios que esta provocó a corto, medio y largo plazo. Constituyendo la base popular del Estado moderno en Galicia. Si bien, en el nuevo contexto histórico, no dejaron de hacer gala de sus tradiciones de lucha, sobre todo los sectores más populares. A la burguesía urbana le faltaron motivos, satisfecha con lo logrando en 1467-69 y 1480. Cuando estallaron las Comunidades de Castilla, 1520-1522, solamente se levantaron en armas el común de las ciudades, siendo “apaciguados” forzosamente por la Audiencia de Galicia, precisamente.
Notas
-
La revuelta gallega de los irmandiños en su contexto europeo, siglos XIV-XVI, conferencia de Carlos Barros en la XVIII Conferencia Arqueológica de Alemania Central dedicada al 500 aniversario de la “guerra de los campesinos” alemanes (1524-1525) en Halle (Alemania), organizada por el Museo de Prehistoria de Halle, 1 de octubre de 2025. ↑
-
Michel MOLLAT, y Philippe WOLFF, Uñas azules. Jacques y Ciompi. Las revoluciones populares en Europa en los siglos XIV y XV, Madrid, 1976 (1ª ed. fr., 1970), p. 107-114. ↑
-
ídem, pp. 160-182; Rodney HILTON, Siervos liberados. Los movimientos campesinos medievales y el levantamiento inglés de 1381, Madrid, 1984, (1ª ed. ing., 1973), pp. 179-313. ↑
-
“1431: Irmandiños en el Camino Inglés a Compostela”, El libro del Camino Inglés, A Coruña, 2014, pp. 120-121. ↑
-
Al año siguiente, un procurador ferrolano, Pedro Padrón, se presenta tranquilamente en la Corte de Juan II con un pliego de reivindicaciones contra la Casa de Andrade, pretendiendo continuar legalmente la revuelta de 1431, José Francisco CORREA ARIAS, A casa de Andrade, 1160-1540. Nobreza, mentalidade e ideoloxía na Galicia baixomedieval, Noia, 2009, pp. 243, 248, 359. ↑
-
Joseph MACEK, La revolución husita. Orígenes, desarrollo y consecuencias, Madrid, Siglo XXI, 1975 (1ª ed. en francés, 1973), p. 218. ↑
-
Salvador de MOXO, “De la nobleza vieja a la nobleza nueva. La transformación nobiliaria castellana en la Baja Edad Media”, Cuadernos de Historia, Madrid, tomo III, 1969, pp.1-120; José GARCÍA ORO, “La nobleza gallega en el siglo XV”, I Jornadas de metodología aplicada a las ciencias históricas, Santiago de Compostela, 1975, tomo II, pp. 295-297. ↑
-
Jaume VICENS VIVES, Historia de los remensas en el siglo XV, Barcelona, 1978 (1ª ed., 1945), pp. 209 ss. ↑
-
ídem, pp. 256-264. ↑
-
“Vencedores e vencidos na revolta irmandiña”, conferencia de Carlos Barros no espazo cultural Portas Ártabras, organizada pola Asociaçom Cultural O Facho. A Coruña, 24 de abril de 2018 (https://youtu.be/vKAhzBkJzIc). ↑
-
Francisco MOSCOSO, “La conquista española y la gran rebelión de los taínos”, Pensamiento crítico, Puerto Rico, nº 62, 1989, pp. 2-16 (https://www.scribd.com/doc/64584750/Conquista-y-Rebelion-Taina); la represión española fue si acaso peor: convirtieron a los vencidos en esclavos. ↑
-
Eulàlia DURAN, Les germanies als paises catalans, Barcelona, 1982, pp. 315-363. ↑
-
Joseph PÉREZ, La revolución de las Comunidades de Castilla (1520-1521), Madrid, 1977, pp. 315, 56-613. ↑
-
Federico ENGELS, La Guerra campesina en Alemania [1ª edición en alemán, 1850], Moscú, 1981, pp. 114-115,117. ↑
-
Incluyendo las de los señores medianos que apoyaban activamente la revuelta; la única excepción reconocida por los protagonistas y descendientes fue el castillo de Pambre (Lugo), mención utilizada para enfatizar el carácter exhaustivo de su obra revolucionaria; los payeses de remensa, en cambio, se contentaron coa apoderarse de algunas fortalezas señoriales, quo tuvieron que devolver pasada la revuelta, Historia de los remensas en el siglo XV, pp. 223, 235, 237, 240-253. ↑
-
“ficaron … como o primeyro día que nalsceran: sen terras et sen va[sa]llos”, Rui VÁSQUES, Crónica de Santa María de Íria, José Antonio Souto Cabo, edit., Santiago, 2001, p. 105; Carlos BARROS, “Milenarismo y utopía civil en la revuelta irmandiña, 1467-1469”, XII Curs d’estiu “Utopies i alternatives de vida a l’edat Mitjana”, Balaguer, 2007, pp. 253-273. ↑
-
Carlos BARROS, “Vivir sin señores. La conciencia antiseñorial en la Baja Edad Media gallega”, Señorío y feudalismo en la Península Ibérica, IV, Zaragoza, 1993, pp. 11-49. ↑
-
Historia de los remensas en el siglo XV, p. 208. ↑
-
Juan Blanco, alcalde irmandiño de Betanzos de gran predicamento por todo el Reino irmandiño de Galicia apareció muerto años después, pero nada indica que el homicidio guardara relación con la revolución de 1467, Carlos BARROS, “Revuelta de los irmandiños. Los gorriones corren tras los halcones”, Historia de Galicia, vol. 24, Vigo, 1991, p. 459. ↑
-
Carlos BARROS, “O Reino irmandiño de Galicia, 1467-1469”, Praza Pública, Santiago de Compostela, 15 de diciembre de 2022. ↑
-
José GARCÍA ORO, “Los señoríos monásticos gallegos en la Baja Edad Media”, Compostellanum, Santiago de Compostela, vol. XIV, 1969. ↑
-
Enrique CAL PARDO, El monasterio de San Salvador de Pedroso en tierras de Trasancos. Colección documental, A Coruña, 1984, pp. 278-279. ↑
-
Carlos BARROS, Mentalidad y revuelta en la Galicia irmandiña: favorables y contrarios, Universidad de Santiago de Compostela, tesis doctoral, 1989, pp. 136-142. ↑
-
“Revuelta de los irmandiños. Los gorriones corren tras los halcones”, p. 443. ↑
-
Carlos BARROS, “Os irmandiños e o castelo da Rocha Forte”, conferencia en la Asociación Cultural Rocha Forte, Santiago de Compostela, 15 de enero de 2013 (http://youtu.be/UyojabrJdZA). ↑
-
“Revuelta de los irmandiños. Los gorriones corren tras los halcones”, p. 451. ↑
-
Ibidem. ↑
-
Mentalidad y revuelta en la Galicia irmandiña: favorables y contrarios, pp. 131-136. ↑
-
Ramón VILLARES, A Historia, Vigo, 1984, pp. 98-99. ↑
-
Fernando de PULGAR, Crónica de los Reyes Católicos (Juan de Mata Carriazo, edit.), I, p. 433. ↑






